El ajuste en la definición de "planeta" resultó en una discusión popular poco común acerca de un cuerpo celeste.
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Fotomapa de Plutón formado a partir de imágenes tomadas por el telescopio Hubble. (Foto DP de la NASA, vía Wikimedia Commons) |
A fines de la década de 1990, cuando se rediseñó el Planetario Hayden
del Museo Estadounidense de Historia Natural de Nueva York, su director
el astrofísico Neil deGrasse Tyson, decidió no incluir a Plutón entre
los planetas del sistema solar.
¿El motivo? Plutón es demasiado pequeño y demasiado distinto a los otros
ocho planetas de nuestro sistema solar. De hecho es más pequeño incluso
que nuestra Luna, con sólo el 66% de su diámetro. Al paso de los años
se han descubierto otros cuerpos de tamaño similar en la región donde se
encuentra Plutón, el llamado “cinturón de Kuiper”. Incluso uno de
ellos, Eris, descubierto en 2005, es más masivo que Plutón. Y ninguno de
ellos cumple con uno de los requisitos que los científicos han
establecido para darle a un cuerpo la categoría de planeta: su atracción
gravitacional es tan pequeña que no han “limpiado” la órbita que
recorren.
El asunto trascendió a los medios cuando el diario The New York Times
publicó, en enero de 2001, el artículo “¿Plutón no es un planeta? Sólo
en Nueva York”, desatando un pequeño escándalo. El artículo subrayaba
que ya se había propuesto alguna vez a la Unión Astronómica
Internacional, con sede en París, retirar a Plutón de la lista de
planetas y definirlo como “objeto transneptuniano”.
El problema se complicó cuando en 2006 la misma Unión Astronómica
Internacional decidió que quienes opinaban como el Dr. deGrasse Tyson,
quien ciertamente no había sido el primero en proponerlo, tenían razón, y
reclasificó a Plutón en una nueva categoría, la de “planetas enanos”
junto con Eris, Ceres, Haumea y Makemake, los conocidos hasta ahora. El
principal proponente del cambio fue, precisamente, uno de los
descubridores de Eris, el astrónomo Mike Brown, quien después escribiría
un libro relatando la historia con el título de “Por qué maté a Plutón y
por qué se lo merecía”.
Sin embargo, para el público estadounidense, Mike Brown no era nadie,
mientras que Neil deGrasse Tyson era un personaje conocido como
divulgador y educador científico, con frecuente presencia en los medios
de comunicación y un estilo imponente y divertido para comunicar asuntos
de ciencia al público en general. Así que el público estadounidense en
general culpó a Tyson. Siguieron airadas cartas de niños que le
reclamaban la degradación de Plutón afimando “Plutón es mi planeta
favorito”.
El amor de los estadounidenses por el pequeño explaneta, incluso, dio
pie a que Tyson escribiera otro libro: “Los archivos de Plutón: ascenso y
caída del planeta favorito de los Estados Unidos”.
El planeta estadounidense
Una de las razones por las cuales Estados Unidos mantenía un cariño
especial, así fuera extraño, por Plutón, era que había sido el único
planeta descubierto... por un estadounidense. En 1930, el astrónomo
autodidacta Clyde Tombaugh, recién empleado en el Observatorio Lowell de
Arizona, descubrió a Plutón.
No fue un descubrimiento fortuito. El matemático francés Urbain Le
Verrier había predicho su existencia en 1840, basado en sus cálculos
sobre las perturbaciones de la órbita de Urano. El fundador del
observatorio, Percival Lowell, tenía como uno de sus objetivos hallar
ese cuerpo llamado por entonces el “Planeta X”. Tombaugh terminó el
trabajo y su historia adquirió un tono aún más romántico cuando la
convocatoria mundial para bautizar al nuevo planeta fue ganada por una
niña británica de 11 años que propuso precisamente “Plutón”. Ese mismo
año, los estudios de Walt Disney presentaron a la mascota del ratón
Mickey, el perro “Pluto” (Plutón en inglés).
Y 11 años después, un grupo de químicos de la Universidad de California
en Berkeley daba el nombre de “plutonio” a un elemento que habían
descubierto.
Pero el planeta ya era problemático. Dado que nos separa de él una
enorme distancia (su distancia media del sol es de 40 veces la distancia
de la Tierra al Sol), es difícil calcular con exactitud su mada y su
tamaño. Originalmente, en la década de 1930, se calculó que tenía una
massa equivalente a la de la Tierra, pero conforme avanzaban los
estudios, la estimación se fue reduciendo. En 1948 ya se le atribuía una
masa similar a la de Marte, y en 1976 se sugirió que podría tener una
masa de apenas 1-2% de la de la Tierra.
En 1978, James Christy descubrió que Plutón tenía una luna , Caronte.
Esto permitió realizar cálculos más precisos con el resultado de que la
masa de Plutón era del 0,24% de la masa de nuestro planeta. Ya por
entonces comenzó el debate sobre la clasificación de este cuerpo pues
más que un planeta con un satélite parecía un sistema de planetas
binario.
Dada su distancia del sol, el año plutoniano (el tiempo que tarda en dar
una vuelta completa al sol en su órbita) es de algo más de 247 años
terrestres, es decir, que desde su descubrimiento Plutón ha dado apenas
un tercio vuelta al sol, mientras que una rotación completa alrededor de
su propio eje tarda únicamente algo más de 6 días y 9 horas de la
Tierra.
Precisamente por esa distancia, en las placas fotográficas de los
observatorios terrestres Plutón es apenas una mancha difusa, y lo que
sabemos del planeta es muy escaso. No fue sino hasta que el telescopio
espacial Hubble lo observó que pudimos tener una imagen medianamente
nítida de él. Además, el Hubble permitió el descubrimiento, en 2005, de
dos lunas más de Plutón, añadiendo otra en 2011 y una más en 2012.
Para subsanar esa ignorancia, en enero de 2006, pocos meses antes de que
Plutón pasara a ser considerado un planeta enano, la NASA lanzó la
sonda robotizada New Horizons (nuevos horizontes) con destino final en
el cinturón de Kuiper y en Plutón, llevando a bordo numerosos
instrumentos destinados a observar a los objetos de la zona, estudiar
sus atmósferas, explorar su geología y medir su interacción con el
viento solar, esas partículas que nuestra estrella lanza al espacio
continuamente.
Porque para conocer mejor a Plutón y saciar nuestra curiosidad sobre él y
sobre todos los demás cuerpos del sistema solar, no hace falta que sean
planetas.
Las lunas de Plutón
Además de Caronte, que es el mayor, Plutón tiene otros cuatro satélites,
el último descubierto en 2012: Nix, Hidra, Kerberos y Estigia, todos
ellos nombres relacionados en la mitología griega con Plutón, el dios
del Hades, inframundo donde habitan las sombras de los muertos. Caronte
era el barquero que llevaba a las almas de los muertos a los dominios de
Plutón cruzando el río Estigia, mientras que Kerberos o Cancerbero era
el guardián de las puertas del Hades que impedía que los muertos
huyeran, ayudado por Hidra, la serpiente de muchas cabezas. Nix, por
cierto, era la madre de Plutón