lunes, 14 de octubre de 2013

Talidamida los errores de un farmaco

¿Qué sabemos de la talidomida?

  • Arranca en Madrid el juicio de los afectados por este fármaco hace medio siglo
  • La asociación AVITE sienta en el banquillo a los laboratorios Grünenthal
  • Le contamos las claves para entender la historia de este 'fármaco maldito'

  1. ¿Qué es la talidomida? Es un fármaco sedante e hipnótico que se introdujo en el mercado mundial en 1957 (en España llegaría más tarde) para tratar la ansiedad, el insomnio y las náuseas y vómitos en mujeres embarazadas. El laboratorio fabricante, Chemie Grünenthal, lo comercializaba ya en 48 países de Europa y África, así como en Japón, Australia y Candá apenas dos años más tarde. En EEUU, sin embargo, la supervisora de la agencia del medicamento (FDA), la doctora Frances Oldham, se negó a darle el visto bueno a la espera de tener más datos sobre su seguridad. Apenas un par de años más tarde, las malformaciones congénitas que comenzaron a detectarse en Europa y el resto del mundo le dieron la razón.
  2. ¿Cuándo se descubrió el problema? En 1962, el pediatra alemán Widukind Lenz publicó un trabajo alertando de la posible relación entre la ingesta del fármaco durante los primeros meses de embarazo y las malformaciones en los hijos de aquellas mujeres. Concretamente, los hijos de la talidomida nacían con graves malformaciones, sobre todo en los brazos y antebrazos. La unión directa de las manos a los hombros, que les daba un aspecto semejante a las aletas de una foca, dio pie a que se denominase 'focomelia', aunque no eran los únicos defectos relacionados con el medicamento, que también ocasionó problemas en órganos internos.
  3. ¿Cuándo se retiró del mercado? Los hallazgos del doctor Lenz provocaron su inmediata retirada en 1962, en Alemania y posteriormente en el resto de países (en España fue en 1963), con un balance que el pediatra alemán estimaba en al menos unos 3.900 afectados (con evidencias claras de exposición) a los que habría que sumar casi 2.000 víctimas mortales porque Lenz calculó que la mortalidad infantil en el primer año de vida en menores expuestos a la talidomida durante la gestación era del 40%.
  4. ¿Cuántos afectados hay? Aunque algunos estudios elevan la cifra de afectados en toda Europa a unos 8.000-10.000 personas, los especialistas reconocen las dificultades para dar una cifra exacta. Como explica en un artículo en la revista 'Medicina Clínica' la doctora María Luis Martínez Frías, directora del Centro de Investigación sobre Anomalías Congénitas (CIAC), antes de establecer una relación causa-efecto hay que tener claro que no todos los tipos de malformaciones detectadas en niños expuestos a un agente teratógeno (capaz de generar daños en el feto) son necesariamente producidas por ese agente. Además, hay que descartar que los defectos congénitos sean de causa génica, cromosómica o por otros factores ambientales de riesgo, pues hay que tener en cuenta que entre el 3 y el 6% de las personas tienen un riesgo de que sus hijos nazcan con defectos congénitos.
  5. ¿Todas las mujeres tuvieron niños afectados? Según demostró el profesor Lenz hace 50 años, el periodo exacto en el que la talidomida produce alteraciones en el desarrollo de las extremidades del feto es el comprendido entre los días 38 y 47 contando desde el primer día de la última regla. En cambio, no se observaron personas afectadas después de los días 48-49 (coincidiendo con un embrión de cinco semanas).
  6. ¿Para qué se usa hoy la talidomida? A pesar de esta terrible experiencia, este fármaco se sigue utilizando con estictos controles ya que en los últimos 40 años se han identificado propiedades diversas: sedante no barbitúrico, antiinflamatorio, etc. Así, en 1979, se empezó a usar para el tratamiento del síndrome de Behçet (una enfermedad reumática crónica) y, a partir de 1988, para la enfermedad de injerto contra huesped. Hace 20 años, se describieron por primera vez sus propiedades antiangiogénicas, comprobándose resultados favorables en el mieloma múltiple. Además, es un tratamiento útil contra la lepra. "Se ha reintroducido con indicaciones precisas y con una contraindicación clara en el embarazo", aclara el doctor Miguel del Campo, especialista en Genética Humana del Hospital Vall d'Hebrón de Barcelona.
  7. ¿Qué lecciones enseñó? Hasta ese momento se consideraba que la placenta era una barrera impenetrable que protegía al embrión de cualquier agente externo. A partir de la talidomida, los investigadores descubrieron que algunos fármacos y otras sustancias podían atravesarla y alterar el desarrollo embrionario, lo que cambió radicalmente la percepción y el uso de medicamentos durante el embarazo. Además, como destaca la doctora Martínez-Frías en su artículo, este fármaco obligó a reforzar los estudios epidemiológicos sobre anomalías congénitas, endureció las normativas sobre comercialización de fármacos y motivó la puesta en marcha de registros internacionales de recién nacidos con defectos. "Supuso el pistoletazo de salida de la investigación sobre teratología [anomalías congénitas]", añade el doctor del Campo. La talidomida, apunta, supuso un punto de inflexión en la demostración de que una sustancia segura para adultos podía no serlo en mujeres embarazadas.

domingo, 6 de octubre de 2013

Pluton: El planeta que ya no es de Mauricio José Schwarz

El ajuste en la definición de "planeta" resultó en una discusión popular poco común acerca de un cuerpo celeste.


Fotomapa de Plutón formado a partir de imágenes tomadas
por el telescopio Hubble. (Foto DP de la NASA,
vía Wikimedia Commons)
A fines de la década de 1990, cuando se rediseñó el Planetario Hayden del Museo Estadounidense de Historia Natural de Nueva York, su director el astrofísico Neil deGrasse Tyson, decidió no incluir a Plutón entre los planetas del sistema solar.

¿El motivo? Plutón es demasiado pequeño y demasiado distinto a los otros ocho planetas de nuestro sistema solar. De hecho es más pequeño incluso que nuestra Luna, con sólo el 66% de su diámetro. Al paso de los años se han descubierto otros cuerpos de tamaño similar en la región donde se encuentra Plutón, el llamado “cinturón de Kuiper”. Incluso uno de ellos, Eris, descubierto en 2005, es más masivo que Plutón. Y ninguno de ellos cumple con uno de los requisitos que los científicos han establecido para darle a un cuerpo la categoría de planeta: su atracción gravitacional es tan pequeña que no han “limpiado” la órbita que recorren.

El asunto trascendió a los medios cuando el diario The New York Times publicó, en enero de 2001, el artículo “¿Plutón no es un planeta? Sólo en Nueva York”, desatando un pequeño escándalo. El artículo subrayaba que ya se había propuesto alguna vez a la Unión Astronómica Internacional, con sede en París, retirar a Plutón de la lista de planetas y definirlo como “objeto transneptuniano”.

El problema se complicó cuando en 2006 la misma Unión Astronómica Internacional decidió que quienes opinaban como el Dr. deGrasse Tyson, quien ciertamente no había sido el primero en proponerlo, tenían razón, y reclasificó a Plutón en una nueva categoría, la de “planetas enanos” junto con Eris, Ceres, Haumea y Makemake, los conocidos hasta ahora. El principal proponente del cambio fue, precisamente, uno de los descubridores de Eris, el astrónomo Mike Brown, quien después escribiría un libro relatando la historia con el título de “Por qué maté a Plutón y por qué se lo merecía”.

Sin embargo, para el público estadounidense, Mike Brown no era nadie, mientras que Neil deGrasse Tyson era un personaje conocido como divulgador y educador científico, con frecuente presencia en los medios de comunicación y un estilo imponente y divertido para comunicar asuntos de ciencia al público en general. Así que el público estadounidense en general culpó a Tyson. Siguieron airadas cartas de niños que le reclamaban la degradación de Plutón afimando “Plutón es mi planeta favorito”.

El amor de los estadounidenses por el pequeño explaneta, incluso, dio pie a que Tyson escribiera otro libro: “Los archivos de Plutón: ascenso y caída del planeta favorito de los Estados Unidos”.

El planeta estadounidense

Una de las razones por las cuales Estados Unidos mantenía un cariño especial, así fuera extraño, por Plutón, era que había sido el único planeta descubierto... por un estadounidense. En 1930, el astrónomo autodidacta Clyde Tombaugh, recién empleado en el Observatorio Lowell de Arizona, descubrió a Plutón.

No fue un descubrimiento fortuito. El matemático francés Urbain Le Verrier había predicho su existencia en 1840, basado en sus cálculos sobre las perturbaciones de la órbita de Urano. El fundador del observatorio, Percival Lowell, tenía como uno de sus objetivos hallar ese cuerpo llamado por entonces el “Planeta X”. Tombaugh terminó el trabajo y su historia adquirió un tono aún más romántico cuando la convocatoria mundial para bautizar al nuevo planeta fue ganada por una niña británica de 11 años que propuso precisamente “Plutón”. Ese mismo año, los estudios de Walt Disney presentaron a la mascota del ratón Mickey, el perro “Pluto” (Plutón en inglés).

Y 11 años después, un grupo de químicos de la Universidad de California en Berkeley daba el nombre de “plutonio” a un elemento que habían descubierto.

Pero el planeta ya era problemático. Dado que nos separa de él una enorme distancia (su distancia media del sol es de 40 veces la distancia de la Tierra al Sol), es difícil calcular con exactitud su mada y su tamaño. Originalmente, en la década de 1930, se calculó que tenía una massa equivalente a la de la Tierra, pero conforme avanzaban los estudios, la estimación se fue reduciendo. En 1948 ya se le atribuía una masa similar a la de Marte, y en 1976 se sugirió que podría tener una masa de apenas 1-2% de la de la Tierra.

En 1978, James Christy descubrió que Plutón tenía una luna , Caronte. Esto permitió realizar cálculos más precisos con el resultado de que la masa de Plutón era del 0,24% de la masa de nuestro planeta. Ya por entonces comenzó el debate sobre la clasificación de este cuerpo pues más que un planeta con un satélite parecía un sistema de planetas binario.

Dada su distancia del sol, el año plutoniano (el tiempo que tarda en dar una vuelta completa al sol en su órbita) es de algo más de 247 años terrestres, es decir, que desde su descubrimiento Plutón ha dado apenas un tercio vuelta al sol, mientras que una rotación completa alrededor de su propio eje tarda únicamente algo más de 6 días y 9 horas de la Tierra.

Precisamente por esa distancia, en las placas fotográficas de los observatorios terrestres Plutón es apenas una mancha difusa, y lo que sabemos del planeta es muy escaso. No fue sino hasta que el telescopio espacial Hubble lo observó que pudimos tener una imagen medianamente nítida de él. Además, el Hubble permitió el descubrimiento, en 2005, de dos lunas más de Plutón, añadiendo otra en 2011 y una más en 2012.

Para subsanar esa ignorancia, en enero de 2006, pocos meses antes de que Plutón pasara a ser considerado un planeta enano, la NASA lanzó la sonda robotizada New Horizons (nuevos horizontes) con destino final en el cinturón de Kuiper y en Plutón, llevando a bordo numerosos instrumentos destinados a observar a los objetos de la zona, estudiar sus atmósferas, explorar su geología y medir su interacción con el viento solar, esas partículas que nuestra estrella lanza al espacio continuamente.

Porque para conocer mejor a Plutón y saciar nuestra curiosidad sobre él y sobre todos los demás cuerpos del sistema solar, no hace falta que sean planetas.

Las lunas de Plutón

Además de Caronte, que es el mayor, Plutón tiene otros cuatro satélites, el último descubierto en 2012: Nix, Hidra, Kerberos y Estigia, todos ellos nombres relacionados en la mitología griega con Plutón, el dios del Hades, inframundo donde habitan las sombras de los muertos. Caronte era el barquero que llevaba a las almas de los muertos a los dominios de Plutón cruzando el río Estigia, mientras que Kerberos o Cancerbero era el guardián de las puertas del Hades que impedía que los muertos huyeran, ayudado por Hidra, la serpiente de muchas cabezas. Nix, por cierto, era la madre de Plutón

viernes, 4 de octubre de 2013

Rupert Sheldrake: La ciencia debe cuestionar sus propios dogmas para expandirse

El controvertido científico británico publica en España “El espejismo de la ciencia “, bajo el sello de la editorial Kairós


El último libro de Rubert Sheldrake, “El espejismo de la ciencia” (Kairós, 2013), analiza 10 dogmas científicos y su veracidad, con una intención de fondo: revelar la “cosmovisión” actual de la ciencia y sus limitaciones. En la siguiente entrevista, el científico, autor de la conocida hipótesis de la causación formativa, nos detalla algunos aspectos de su obra y nos habla de un posible desarrollo de la tradición científica. Por Yaiza Martínez.


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Rupert Sheldrake: La ciencia debe cuestionar sus propios dogmas para expandirse
Rupert Sheldrake (1942) es un controvertido biólogo y filósofo británico, desarrollador de la hipótesis de los Campos mórficos y autor de publicaciones e investigaciones relacionadas con temas como el desarrollo y la conducta o la percepción.

En 2012, Sheldrake publicó el libro The science delusion, en el que afirmaba que la “cosmovisión científica” se ha convertido en un sistema de creencias cuyos dogmas condicionan y limitan la labor científica, que debería estar basada en la indagación, la formulación y prueba de hipótesis, la atención a la evidencia, y la discusión crítica , según explica el propio autor en la siguiente entrevista.

La versión española de esta obra acaba de ser publicada por la editorial Kairós bajo el título El espejismo de la ciencia. En ella, se revisan y se ponen en cuestión 10 dogmas científicos de nuestra época. De estos dogmas, el principal, según Sheldrake, es la creencia en que la ciencia conoce la naturaleza de la realidad. El autor señala asimismo que la intención de este trabajo es alejar a la ciencia de sus creencias, para posibilitar su expansión y desarrollo.

El título del libro claramente lo ha situado en el mercado como un contra-manifiesto del El espejismo de Dios, un famoso ensayo de 2006 escrito por el etólogo británico Richard Dawkins, profesor de Entendimiento Público de la Ciencia de la Universidad de Oxford, en el que se afirma que la fe en un creador supernatural se puede calificar como una falsa creencia mantenida frente a fuertes evidencias contradictorias.

Aunque Sheldrake ha defendido, en una entrevista en ForteanTimes, que la obra de Dawkins no inspiró su propia obra y que el título de esta se debe a “la insistencia de los editores”, su objetivo parece similar: desmontar creencias para buscar verdad.

En términos generales, el trabajo de Rupert Sheldrake ha tenido una acogida desigual en la comunidad científica. Así, por ejemplo, algunos miembros de esta han considerado la hipótesis de la causación formativa como “pseudociencia”, mientras otros, como el físico David Bohm, la han apoyado.

En “El espejismo de la ciencia” usted cuestiona dogmas científicos imperantes –vinculados al materialismo o al reduccionismo- y defiende una labor científica más libre para imaginar y lanzar nuevas propuestas. Por tanto, una labor científica capaz de profundizar en aspectos de la realidad que ciertas disciplinas o corrientes ni siquiera contemplan, a pesar de que su existencia haya sido constantemente observada (por ejemplo, la conciencia obviada por el materialismo- que ha considerado a los organismos como máquinas- o la variabilidad de constantes universales supuestamente inamovibles pero que ciertos experimentos han demostrado que no lo son tanto, como la velocidad de la luz). ¿Cómo sería esa ciencia alternativa, basada en los supuestos de libertad científica creativa que usted propone?

No pienso en un nuevo tipo de ciencia “alternativa”, sino más bien en un desarrollo de la tradición científica en sí misma. La ciencia, en su sentido más positivo, supone indagar, formular y probar hipótesis, prestar atención a la evidencia, y fomentar la discusión crítica. Por esto abogo. Sugiero que la ciencia se expanda para incluir el cuestionamiento de dogmas que actualmente son incuestionados.

Para observar la variabilidad de constantes fundamentales, el mejor punto de partida serían las observaciones existentes de la constante de gravitación universal (G), conservadas en los archivos de laboratorios de todo el mundo. En lugar de promediarlos, como se ha hecho hasta ahora, estos datos brutos podrían publicarse online para que cualquiera que esté interesado tenga la oportunidad de buscar correlaciones o patrones. G varía en más de un 1%, según observaciones recientes, y este hecho ha sido asumido simplemente como errores aleatorios.

Pero podría resultar que G aumente, según algunos datos obtenidos en el mundo, o disminuya, según otros datos. Esto podría sugerir la existencia tanto de variaciones de la propia constante como de cambios en el entorno terrestre a medida que nuestro planeta viaja a través del sistema solar y de la galaxia. El próximo paso podría ser investigar estas fluctuaciones con más detalle para ver cómo se correlacionan en términos astronómicos.

En estudios sobre la conciencia, la investigación podría incluir la posibilidad de que la mente se extienda más allá del cerebro, en lugar de hallarse confinada al interior de nuestras cabezas. Yo sugiero que los campos mentales podrían extenderse más allá del cerebro, del mismo modo que los campos magnéticos se extienden más allá de los imanes o que los campos gravitacionales terrestre sobrepasan nuestro planeta.

A partir de su trabajo en el campo de la biología, usted ha concluido que las entidades materiales (entiéndanse como tal desde los átomos y las células, hasta los organismos e incluso –por extensión- las sociedades), se conforman por hábitos, siguiendo patrones de memoria o “campos mórficos” integrados, que trascienden el espacio-tiempo para pasar de unas entidades a otras de su misma especie. A este fenómeno de transferencia y de recepción de dicha memoria lo ha denominado usted “resonancia mórfica”. Por otra parte, en algún momento en su libro usted señala que los campos mórficos se asimilan a los campos cuánticos en el sentido de que, al igual que estos, son “campos de probabilidad”. Teniendo en cuenta que las ondas de los campos cuánticos “conectan el pasado y el futuro”, como se explica en “El espejismo de la ciencia”, ¿en qué temporalidad funcionaría la resonancia mórfica?

La resonancia mórfica presenta dos aspectos. Por un lado, posibilita que patrones organizados de actividad –como los electrones, las moléculas, las plantas o los animales- resuenen consigo mismos, con su pasado. Esta resonancia primaria ayuda a mantener la continuidad de la forma y del comportamiento de los organismos, y preserva su identidad en el tiempo.

Por otro lado, la resonancia mórfica permite a todos estos sistemas de actividad auto-organizados resonar con sistemas similares del pasado. Así, por ejemplo, cada cristal y cada animal se sincronizan con la memoria colectiva de los cristales o los animales que han sido similares a ellos en el pasado, lo que les ayuda a compartir su forma.

Además, cada organismo aprovecha la memoria colectiva de su especie y contribuye a ella. Desde este punto de vista, la memoria individual y la colectiva son dos aspectos del mismo fenómeno, que difieren en grado pero no en tipo.

¿Podría explicar el concepto de “propósito” aplicado a la biología? ¿Cree usted que la naturaleza es creativa?

Todos los organismos biológicos están dirigidos por un propósito, en el sentido de que su objetivo primario es la supervivencia y la reproducción. Un embrión siempre se desarrolla hacia un organismo adulto, y si está dañado, a menudo alcanza el mismo objetivo siguiendo rutas que difieren del proceso corriente.

Del mismo modo, el comportamiento animal es intencional. Si un perro hambriento ve un jugoso hueso, su comportamiento lo dirigirá hacia la consecución de éste, incluso a pesar de los obstáculos que encuentre en su camino. Encontrará otra manera de conseguir el mismo fin.

Las palomas mensajeras vuelan hacia su hogar, incluso si han sido alejadas de este 500 kilómetros, y situadas en un sitio donde nunca antes han estado. Esta navegación está dirigida por un objetivo: volver a casa, desde donde quiera que hayan sido liberadas.

La naturaleza es, por otro lado, claramente creativa. La evolución nos muestra una vasta variedad de plantas y animales que son el resultado de la creatividad evolutiva. La resonancia mórfica mantiene los hábitos de animales y plantas, pero en sí misma no produce nuevas formas o nuevos patrones de comportamiento. La evolución implica una interacción entre el hábito y la creatividad.

Otra cuestión tratada en su libro es la de la imposibilidad de ubicar la memoria humana en un punto concreto del cerebro. La explicación que da usted a este hecho es que nuestra memoria es un fenómeno resonante, como ha dicho, se originaría a partir de patrones de auto-resonancia (del pasado de cada individuo) y por patrones de memoria colectiva (heredados de la familia, de la sociedad o de la especie misma). Si cada ser humano se conforma, según su propuesta, por una confluencia de la memoria personal y de la memoria común, ¿cómo definiría usted la identidad?

La memoria humana, como otras formas de memoria de la naturaleza, implica tanto la auto-resonancia como la memoria colectiva, compartida con otros miembros de cada especie. La identidad depende de la auto-similitud, y la auto-similitud depende de la resonancia mórfica.

En la práctica, esta auto-similitud es preservada a través de la continuidad del cerebro y del cuerpo, que en sí mismos se renuevan continuamente, incluso las proteínas y otras sustancias de estos están cambiando de continuo. La más estable de las moléculas dentro de las células son las moléculas de ADN de los genes, que proporcionan en último término las bases de la continuidad individual.

Pero esto no significa que todas las características hereditarias de un organismo y todos los aspectos de la memoria individual estén codificados en el ADN. El ADN simplemente codifica la estructura primaria de las proteínas, y a veces está implicado en el control de la síntesis de proteínas. Sin embargo, proporciona una estabilidad subyacente que permite que la resonancia mórfica pueda tener lugar.

Rupert Sheldrake. Fuente: Kairós.
Rupert Sheldrake. Fuente: Kairós.
En otra de las partes de su libro usted afirma que nuestras mentes “se extienden más allá de los cerebros, en el tiempo y en el espacio, y nos conectan con nuestros propios pasados a través de la memoria y también con los futuros virtuales, entre los que elegimos”. ¿Existe alguna prueba científica que respalde esta afirmación?

La mera experiencia revela que nuestras mentes se conectan con nuestro pasado a través de la memoria. La cuestión controvertida para la ciencia es cómo funciona esa memoria. La mayoría de los científicos asume que los recuerdos se almacenan en trazas físicas en el cerebro, aunque los detalles a este respecto han resultado engañosos durante más de un siglo. Como ya he dicho, sugiero que la memoria depende de la resonancia mórfica, más que encontrarse centrada en el cerebro, por razones que explico en “El espejismo de la ciencia”.

De nuevo, es la propia experiencia la que nos demuestra que nuestras mentes contienen futuros virtuales. Hacemos planes sobre lo que haremos mañana o el próximo año, y todas esas posibilidades alternativas co-existen en nuestras mentes. Todo el mundo tiene pruebas suficientes de esto. Las características virtuales no son detectables con instrumentos físicos porque existen en un entorno virtual, el entorno de la conciencia. Pero la conciencia es una realidad que debe ser reconocida por la ciencia. Negarla o ignorarla es permanecer intencionadamente ciegos.

De manera coherente con la propuesta inicial de “El espejismo de la ciencia”, en su libro usted expone los resultados de estudios realizados sobre fenómenos normalmente no atendidos por la ciencia, como la telepatía, los presentimientos, la sensación de sentirnos observados o la influencia de la mente sobre la salud física. A grandes rasgos, ¿cuáles han sido los resultados de estas investigaciones?

Hay bastantes evidencias de que la telepatía se da entre miembros de grupos animales vinculados unos con otros. Creo que este es un aspecto corriente de la comunicación animal, por ejemplo entre los miembros de jaurías de lobos. Los animales pueden asimismo formar lazos con personas, como en el caso de las mascotas. He hecho muchos experimentos que han demostrado que los perros pueden entender los pensamientos e intenciones de sus dueños de manera telepática, al igual que los gatos y otros animales domésticos.

En el terreno humano, también existen evidencias de telepatía entre muchas madres y sus bebés. El tipo de telepatía más común en el mundo moderno se manifiesta en las llamadas telefónicas, cuando la gente piensa en alguien que a continuación le llama. He realizado numerosos experimentos sobre esta cuestión, que aparecen recogidos en El espejismo de la ciencia, y que muestran que este hecho es real y no una simple e ilusoria capacidad.

Por ejemplo, en pruebas realizadas, dimos a una serie de participantes cuatro candidatos posibles a llamarles. Uno de ellos era escogido aleatoriamente por el autor del experimento, y el participante debía adivinar quien llamaba cuando sonaba el teléfono, antes de contestar (en estos tests se usó una línea telefónica sin identificador de llamada, por supuesto). Según la casualidad, la probabilidad de aciertos era del 25% (un acierto por cada cuatro llamadas), pero la tasa de aciertos alcanzó en realidad el 45%, una tasa mucho más alta.

Hay además muchas evidencias de la influencia de nuestras mentes en nuestra salud física. Por ejemplo, la gente que práctica la oración o la meditación regularmente tiende a tener mejor salud. También está ampliamente reconocida la importancia de las creencias y de la esperanza dentro de la medicina oficial, en lo que se denomina “efecto placebo”. En pruebas clínicas, personas a las que se les han suministrados píldoras vacías y que creían que eran un potente medicamento nuevo a menudo mejoraron, incluso cuando estas píldoras no contenían ninguna sustancia activa. Este efecto fue consecuencia de las creencias o expectativas de los pacientes.

El título de su libro inevitablemente recuerda al de “El espejismo de Dios”, de Richard Dawkins. En esta otra obra, Dawkins afirma que la fe en un creador supernatural es una falsa creencia mantenida frente a fuertes evidencias contradictorias. ¿Insinúa usted con la elección de su título que la ciencia –o al menos una parte de esta- presenta los mismos defectos que achaca Dawkins a la fe religiosa?

La principal diferencia entre los dogmas religiosos y los científicos es que la gente religiosa sabe que sus creencias son creencias. Las personas que creen en el materialismo científico dogmático, a menudo no son conscientes de que sus creencias son creencias. Simplemente piensan que conocen la verdad. En este sentido, sus creencias son incluso más dogmáticas que las de los fundamentalistas religiosos.

Mi libro, El espejismo de la ciencia, cuestiona los 10 dogmas básicos de la ciencia y los examina científicamente. Resulta que estos dogmas no se corresponden con las evidencias y son falsos o demasiado limitados. Cuando nos liberemos de estas asunciones restrictivas y obsoletas será posible un tipo de ciencia mucho más interesante y emocionante.

martes, 1 de octubre de 2013

8 grandes errores de la ciencia

Sobre éstos errores que la ciencia puede cometer ha escrito el periodista británico Michael Brooks, colaborador de la revista NewScientist y del diario Daily Telegraph quien ha enumerado algunos de los grandes errores de los científicos a lo largo de la historia, algo de lo que quizás no estemos muy acostumbrados a escuchar:
  1. La obstinación de Galileo Galilei.- el célebre científico  quiso una vez demostrarle al Papa Urbano VII que la Tierra giraba alrededor del Sol, para lo que se propuso hacerlo mediante una fórmula matemática. Desafortunadamente su argumentación se basó en las mareas y se equivocó al decir que habría una marea alta durante el día en lugar de dos y ridiculizando a los que decían (y que tenían razón) que la Luna tenía influencia en las mareas.
  2. Las ancas de ranas eléctrica.- Luigi Calvani fue pionero en los estudios sobre la electricidad pero cometió un error cuando una noche colgó una hilera de ranas sobre el cerco de hierro de su jardín. El científico se sorprendió al ver que los animales empezaron a temblar y creó su teoría de la “electricidad animal” afirmando que el tejido biológico de las ranas generaba una corriente eléctrica propia. La verdad es que el movimiento se debía a que Luigi las tocaba con unas tijeras metálicas durante una tormenta eléctrica.
  3. El vómito negro de Stubbins Ffirth.- este doctor de a principios del siglo XIX estaba seguro de que la fiebre amarilla disminuía en invierno porque era fruto del calor y del estrés, además de que no era contagiosa. Y como estaba tan convencido de su teoría, el marrano decidió beber vómito negro directamente de la boca de un enfermo. Según elprofesordeciencias logró sobrevivir pero sólo porque el virus tenía que ser transmitido directamente al torrente sanguíneo.
  4. Los absurdos rayos X.- en 1896 el físico y matemático británico Lord Kelvin declaró en unos informes que los conocidos rayos «eran tan absurdos que, sin lugar a dudas, debían de ser un engaño». Como sabemos, los rayos X se siguen utilizando y son de gran importancia por lo que Kelvin tuvo que retractarse  e incluso aceptó ver su mano a través de un aparato de éstos.
  5. Errores de Einstein.- Antes de que Albert Einstein publicara su famosa teoría de la relatividad en 1917, le preguntó a un grupo de astrónomos si el universo estaba en expansión ya que sus ecuaciones describían un universo que podría estar creciendo o empequeñeciéndose. Ellos le dijeron que no y Einstein introdujo en sus cálculos una «constante cosmológica». Diez años más tarde Edwin Hubble descubrió que el universo estaba en expansión por lo que el científico llamó a la inserción de esta constate su «mayor error».
  6. La teoría fundamental del universo.- el astrónomo Sir Arthur Eddington descubrió en 1921 algunas cifras relacionadas con la cosmología y trató de demostrar que ello significaba una pista para conducir una teoría fundamental del universo. La teoría se invalidó cuando otro científico vio que uno de los números o era correcto.
  7. La sonda confundida.- cuando una sonda de la NASA Mars Climate Orbiter se encontró 60 kilómetros más cerca de Marte, las teorías sobre un supuesto viaje en el tiempo se descartaron cuando averiguaron que los ingenieros que suministraban en software de navegación usaban pies y pulgadas cuando los científicos de la NASA usaban metros y centímetros. La nave entonces, se precipitó sobre el planeta rojo al no alcanzar una órbita estable.
  8. Virus Infeccioso.- unos biólogos franceses descubrieron en el 2003 el virus más grande del mundo: el Mimivirus, un virus supuestamente 30 veces más grande que el rinovirus que provoca resfriado y que se supone que es indestructible. Se dijo que el virus no podía afectar a los seres humanos pero un año más tarde uno de los técnicos del laboratorio resultó infectado con este virus.